Cuando juntas startups e industria… pasan cosas 😅
Ayer en
EKINN – Fomento San Sebastián vivimos uno de esos txokos que empiezan tranquilos… y acaban convirtiéndose en una conversación de las buenas. De las de verdad. De las que mezclan experiencia, debate, alguna pulla elegante y muchas verdades incómodas sobre eso tan manoseado que llamamos “
innovación abierta".
Y es que cuando juntas en una misma mesa a startups tecnológicas, industria, corporates, inversores y gente que lleva años pegándose con clientes, financiación y escalabilidad… el debate se pone interesante rápido.
Muy rápido.
Porque aquí no se vino a hablar de unicornios ni de frases de LinkedIn.
Se habló de lo difícil que es colaborar de verdad entre startups y pymes industriales. De lo muchísimo que cuesta entenderse. De cómo muchas veces una startup corre a 200 por hora mientras la corporate necesita seis firmas, tres validaciones y un comité para mover una silla.
Y también se dijo algo que dejó bastante silencio en la sala:
Muchas colaboraciones fracasan porque nadie ha definido bien el “para qué” (Josean Erdozia - Couth Industrial)
Parece básico. Pero no lo es.
Porque muchas veces se construyen soluciones antes incluso de entender el problema. O peor todavía: se confunde tener tecnología con tener negocio. (Xabier Alvarez)
Hubo momentos muy buenos.
Especialmente cuando salió esa pregunta mágica que, según varios participantes, ahorra meses de sufrimiento:
“¿Quién decide aquí?"
Risas en la sala. Pero risas de reconocimiento colectivo.
Porque cualquier startup que haya intentado vender a una gran organización sabe perfectamente de qué estamos hablando. Empiezas hablando con innovación, luego te mandan a operaciones, después aparece compras, más tarde legal… y cuando crees que ya está, descubres que quien realmente decide es otra persona que ni siquiera estaba en la reunión. (Fernando Saenz - Savvy Data Systems).
También hubo mucho debate sobre los distintos modelos de relación entre startups e industria.
¿Comprar la startup? ¿Invertir? ¿Ser cliente primero? ¿Entrar en el capital demasiado pronto?
Y aquí aparecieron algunas reflexiones muy potentes. Porque no siempre meter dinero significa ayudar. Y no siempre entrar en una startup acaba siendo una buena idea ni para la corporate ni para el emprendedor.
De hecho, uno de los conceptos que más interés despertó fue el modelo
venture client: colaborar primero como cliente real antes de convertirse en socio. Validar en mercado. Probar. Aprender juntos. Sin necesidad de casarse el primer día.
Que, bien pensado, aplica bastante a la vida en general.
Otro de los grandes temas fue el choque cultural.
La startup necesita velocidad. La industria necesita estabilidad. La startup vive en modo supervivencia. La corporate vive en modo procedimiento.
Y las dos tienen razón.
Precisamente por eso fueron tan interesantes algunos casos reales que se compartieron. Experiencias donde la colaboración funcionó porque hubo paciencia, claridad y mucha capacidad de traducir “idiomas”. Desde ejemplos ligados a Danobat o Airbus hasta modelos como el de
Wimu con el FC Barcelona, donde la relación fue evolucionando con inteligencia y generando valor para ambas partes.
También se habló —y bastante— de algo que en Euskadi conocemos bien:
El riesgo de “comprar demasiado pronto” a las startups.
Tenemos industria, talento, cercanía y capacidad tecnológica. Pero precisamente esa proximidad hace que muchas startups encuentren rápido un cliente… y dejen de pensar en grande demasiado pronto.
Y ahí apareció una reflexión interesante:
¿Estamos creando startups para escalar… o startups para integrarlas rápido en estructuras ya existentes?
Pregunta incómoda. Pregunta necesaria.
Lo mejor del encuentro fue probablemente eso: la honestidad.
Ver a emprendedores reconocer errores. A corporates admitir lentitud. A industriales explicando sus límites. A startups entendiendo que innovar no es solo desarrollar tecnología. Y a todos aceptando que colaborar de verdad es mucho más complejo —y mucho más humano— de lo que parece desde fuera.
En definitiva, un txoko de los que dejan conversaciones abiertas. De los que generan conexiones. Y de los que recuerdan que el futuro industrial y emprendedor de Gipuzkoa no se va a construir desde discursos grandilocuentes… sino desde conversaciones sinceras como la de ayer en EKINN.