COYUNTURA ECONÓMICA DE GIPUZKOA-Febrero de 2026. Dualidad económica: mientras el territorio avanza, la industria se asoma a la recesión
Resumen ejecutivo
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Dualidad económica: mientras el territorio avanza, la industria se asoma a la recesión.
La economía global cerró el año 2025 con una resiliencia notable frente a los shocks de oferta, manteniendo un crecimiento mundial situado entre el 3,1% y el 3,3%. Sin embargo, el ejercicio se caracterizó por una creciente divergencia entre regiones: mientras Estados Unidos se apoyó en una masiva inversión privada en Inteligencia Artificial (IA) para compensar la fragilidad de su consumo interno, la Eurozona registró un crecimiento débil de apenas el 1,4%. Dentro del bloque europeo, España destacó como una de las economías más dinámicas con un avance del 2,9%, en claro contraste con el estancamiento de potencias como Alemania e Italia, y con una China enfrentada a una espiral deflacionaria y una crisis inmobiliaria persistente.
La tensión comercial y de influencia entre Estados Unidos, China, Rusia y la UE sigue definiendo el tablero global, si bien los últimos datos muestran que el comercio mundial se ha acelerado en 2025 a su mayor ritmo desde 2021 (+4% del volumen de comercio, frente a +2,5% de 2024), tanto por las economías emergentes (+4,6% en conjunto), como por las avanzadas (+3,6% de incremento en 2025). En relación con los tipos de cambio, el euro ha mostrado una tendencia general de apreciación frente a las principales divisas mundiales, factor clave para reducir las presiones inflacionistas en la eurozona, al abaratar el coste de las importaciones de energía, pero también supone un factor que resta competitividad a los productos europeos en los mercados internacionales.
La confianza económica global se recuperó en 2025 impulsada por el dinamismo de servicios y una leve mejoría industrial. La UE logró superar la etapa contractiva de 2024 apoyada en la mejora de Alemania y el liderazgo de España en servicios, aunque la industria muestra fragilidad al final del año. Este panorama de expansión empresarial contrasta significativamente con el deterioro de la confianza del consumidor. Así, la producción industrial mostró una recuperación moderada tras dos años de contracción, aunque con una marcada disparidad entre la mejoría de los países periféricos y la debilidad de los núcleos manufactureros tradicionales.
En el ámbito de la estabilidad financiera, el 2025 marcó una tendencia general a la moderación de la inflación, permitiendo que la Eurozona alcanzara su objetivo del 2% en diciembre. Este escenario facilitó la normalización de la política monetaria mediante recortes graduales de los tipos de interés tanto por parte de la Reserva Federal como del BCE, lo que situó al Euribor al cierre del año en el entorno del 2,25%.
Los mercados bursátiles, por su parte, vivieron un año excepcional con valoraciones en máximos históricos, impulsadas por el sector tecnológico y con un desempeño sobresaliente del IBEX español, que subió más de un 45%. De cara al futuro inmediato, persisten riesgos sistémicos de gran magnitud, como el elevado endeudamiento público de las principales potencias (con proyecciones de deuda del 143% del PIB en EE. UU. para 2030) y las dudas sobre la rentabilidad real de las inversiones en IA, que podrían generar nuevas tensiones financieras
En este contexto, la economía de Gipuzkoa cerró 2025 con un balance positivo, mostrando un dinamismo y una resiliencia mayores de lo que cabía esperar a comienzos de año. Concretamente, el avance del PIB se situó en torno al 2,2%, ligeramente por debajo de 2024, aunque encadenando el quinto año consecutivo de crecimiento tras la pandemia.
El crecimiento se sostuvo principalmente en la demanda interna, en especial en la fortaleza del consumo de los hogares y el empuje de la inversión. Por el contrario, la demanda externa tuvo una contribución negativa, debido a un crecimiento de las importaciones superior al de las exportaciones, pese a que estas últimas alcanzaron niveles récord en términos nominales
Por el lado de la oferta, el sector servicios volvió a ser el principal motor del crecimiento de la economía (por su peso), aunque mostró una desaceleración gradual a lo largo del año. Destacó el buen comportamiento de los servicios de comercio, hostelería y transporte y de los servicios de información y comunicaciones, actividades profesionales científicas y técnicas y las actividades administrativas, mientras que las actividades vinculadas a la administración pública, educación y sanidad crecieron a un ritmo más moderado. La construcción fue el sector con mayor dinamismo relativo, alcanzando el nivel más alto desde 2011 y superando por primera vez el nivel de 2019. En contraste, la industria permaneció prácticamente estancada, con un crecimiento agregado muy reducido.
En el ámbito industrial, el leve crecimiento de la producción se explicó casi exclusivamente por el fuerte avance de la fabricación de material de transporte y en menor medida de la maquinaria y equipo, ambas en niveles récord, que compensaron las caídas registradas en ramas como la metalurgia y productos metálicos (principal rama industrial), la industria química o los productos electrónicos y el material eléctrico. Cabe destacar que, esta debilidad industrial supone un importante riesgo para un territorio con una fuerte tradición industrial y limita la capacidad de crecimiento a medio plazo, aumentando la dependencia de sectores menos productivos.
Como viene sucediendo a lo largo de los últimos años, el empleo ha vuelto a ser uno de los elementos más positivos. Gipuzkoa ha alcanzado nuevos máximos históricos de ocupación y, aunque el ritmo de creación de empleo se ha moderado, continúa siendo positivo. La creación de empleo se concentró mayoritariamente en el sector servicios y, en menor medida, en la construcción, mientras que el empleo industrial continuó estancado y aún por debajo de los niveles de 2019. En este contexto de niveles récord de empleo, la mejora salarial y el aumento de la masa salarial han reforzado la capacidad de gasto de los hogares, contribuyendo a sostener la actividad económica.
Con todo, de cara a 2026 esperamos un crecimiento del PIB similar al de 2025, entre el +1,5% y el +2,5%, y con un crecimiento del empleo entre el +0,7% y el +1,0%, lo que supone entre 2.000 y 3.000 empleos más de media.
Los resultados obtenidos en la Encuesta sobre Coyuntura Económica realizada a las empresas durante el mes enero van en la misma línea de todo lo señalado hasta ahora y no hacen sino confirmar muchos de los elementos tanto de fortaleza, como de debilidad, que se observan, también, en los indicadores macroeconómicos:
- El 83% de las empresas consideran que la situación del mercado es de normalidad o reactivación +2 puntos más que el año pasado. En la industria son ocho puntos menos. De hecho, el 25,5% de las empresas industriales percibe signos de recesión.
- El 36% de las empresas dice tener un nivel de pedidos débil, 3,5 puntos más que el año pasado. El peor dato desde enero de 2021. La debilidad en los pedidos golpea a casi la mitad del sector industrial y caen a su nivel más bajo en cuatro años.
- El 88,5% de las empresas prevén mantener o aumentar su plantilla, - 2 puntos menos que el año pasado.
- La facturación media aumentó un 3% respecto al trimestre anterior: +3,3 industria%, construcción: +3,4%, sector servicios: +2,5%.
- El nivel de UCP se sitúa en el 83%, +1,5 puntos más que el nivel del año pasado.
- Para casi la mitad de las empresas la preocupación por los elevados costes laborales se mantiene como la principal preocupación.
- Se mantiene en la segunda posición la preocupación por el absentismo laboral que señalan el 37% de las empresas, son +3 puntos más que el año pasado.
- La preocupación por la dificultad para contratar personal cualificado se mantiene en la tercera posición, la señalan 35% de las empresas, 1,5 puntos más que el año pasado.
- Avanza hasta el cuarto puesto la preocupación por las tensiones geopolíticas y comerciales.
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| Rueda de prensa. 6 de febrero de 2026 (es) | Prentsaurrekoa. 2026ko otsailaren 6a (eu) |







